La curruca mirlona, la mayor de nuestras currucas, se caracteriza por su muy distintivo y melodioso canto que recuerda al del mirlo, un oscuro antifaz que contrasta con la garganta blanquecina y su robusto pico. Se trata de un típico habitante de bosques mediterráneos aclarados y cultivos arbóreos (dehesas, pinares, olivares), y, a diferencia de otros de sus congéneres, que gustan más de matorrales cerrados, prefiere moverse por las copas de los árboles y entre bosques abiertos.
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