Adaptable, bulliciosa y extremadamente acomodaticia, la corneja es una de esas aves a las que siempre precede una injustificada mala fama, acusadas de devorar las cosechas y de predar sobre las especies cinegéticas, razón por la que han sido perseguidas durante siglos, olvidándose su beneficioso papel como controladoras de plagas agrícolas. A pesar de todo, este córvido resulta frecuente en la práctica totalidad de la Península, particularmente en la mitad norte, donde ocupa todo tipo de hábitats.

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