Uno de los sonidos todavía frecuentes durante la primavera en las
regiones abiertas de casi toda nuestra geografía es un canto algo
metálico, machacón e inconfundible que, desde lo alto de un cable, una
alambrada o un arbusto, emite un pájaro un tanto voluminoso y de tonos
discretos. Es el triguero, un pariente muy cercano de los escribanos,
granívoro como ellos,
y aún abundante —a pesar de la intensificación agrícola y los
pesticidas— en casi todos los lugares propicios de la Península y ambos
archipiélagos.



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